lunes, 19 de septiembre de 2011






Pocas veces he sentido como es la verdadera esencia de la vida, no toda experiencia deja una moraleja para recordar, hay algunas que son preferibles borrar. No por tener un sexo definido tenemos más derechos que aquellos que luchan por tenerlo, no porque no podemos entender como algunas mujeres no se hacen valer tenemos que menospreciarlas, no importa qué idioma manejamos, en donde vivimos y de donde vinimos.


Todos somos en un punto iguales, todos algún día anhelamos algo, y sufrimos por algo. Esas pequeñas cosas que hacen de la vida, un mundo. Porque toda etapa que comienza siempre termina, Porque una mirada siempre trasmite algo, porque una sonrisa desde el alma siempre es buena para el corazón, Porque siempre que llovió paro, porque después de una tormenta sale el sol, porque cuando todo es oscuro, siempre hay pequeña luz que hace la diferencia y porque a pesar de todo, te sientas, respiras hondo, te secas las lágrimas y sigues adelante comenzando una nueva etapa, ya no te quedas en lo que puedo ser y piensas en lo que será.
       

Ciegos ante el mundo

Hoy son terremotos y tsunamis, mañana ciclones y huracanes, y el mundo seguirá igual? A nadie le importa ya, el mundo está lleno de maldad y frivolidad. Pasar por frente al televisor con indiferencia mientras imágenes devastadoras surgen una tras otra, mientras miles de personas mueren y otras miles se quedan sin hogar, sin techo, sin aquello por lo que tanto han luchado, aquellos que se han esforzado por conseguir mucho y en un abrir y cerrar de ojos lo pierden todo y lo que mas da rabia es que este puñetero mundo castigue a aquellos que no lo merecen y aun así no hacemos nada por cambiar.

En la vida somos hojas secas bailando al compás del viento...





Bailamos al compás de la vida y esta nos mece. Dicen que el destino no existe y aun así luchamos incansablemente contra él tantas veces haciéndonos daño, produciéndonos angustias. Nos  hemos dejado guiar tantas veces por esas tristezas, y como buenas humanas que somos, nos  hemos rendido algunas veces ante ellas… 


Nos preocupamos tantas veces por esos absurdos, por pedazos de pasados que son ya historia, nos  preocupamos  por vivir la vida y la vamos dejando atrás cada día un poquito más. Quisiéramos tomar a pecho eso de ser una hoja, simplemente empezar a entender: todo se resume en crecer, cambiar de color y caer… Solo que las personas tardamos demasiado en crecer, más tiempo aún en cambiar de color.Queremos  dejar solo que el viento nos  roce y después a la altura de la vida donde comprendemos que es vivir realmente dejarnos  llevar, jugar, bailar alegre, flotar y en algún momento imagino que esperar el lugar aquel donde llegaremos a caer y volvernos  tierra.